La boda de Ana y Juanan

Juanan y Ana se conocieron cuando tenían 19 y 17 años respectivamente. 10 años y medio más tarde dieron juntos el gran paso de su vida.

Fue en París donde Juanan le pidió matrimonio a Ana, en unos bucólicos jardines ideales para el momento. París siempre es una buena idea.

Bobbi Brown fue la marca escogida para el maquillaje, algo sencillo y natural, que es lo que yo siempre le recomiendo a todas las novias. Por su parte, la Peluquería Sagoa, le realizó a la novia un recogido bajo ligeramente deshecho que se mantuvo intacto hasta el fin de la boda y que iba rematado con dos peinetas sencillas de nácar.

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En cuanto al vestido, Ana se decantó por modelo de Rosa Clará, se enamoró de él nada más verlo en su página web. Fue a probárselo y le encantó todavía más. El traje de novia era de corte princesa con escote en la espalda y manga francesa. La tela era un brocado de seda que, en contra de lo que parecía, no pesaba nada. Y para rematar, un cinturón de pedrería.

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A falta de un par de zapatos, la novia se realizó a medida en Petrel 92 (yo no los conocía) 3 pares de zapatos: unos salones de tacón alto, unos salones de tacón más bajo y unas sandalias. Qué envidia, ¡yo también quiero!.

Del ramo de novia y de absolutamente toda la decoración floral de la boda se encargon Marta y Estela, amigas de la novia y dueñas de la floristería La Trastienda. Su ramo era de estilo silvestre, desestructurado y suelto, en tonos rosas, malvas y blancos e iba rematado con una lazada de puntilla.

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El lugar elegido para la misa el 3 de mayo de este mismo año fue la Basílica de Santa María. Se encuentra en el barrio antiguo de Alicante, preciosa toda ella con su plaza para hacer más acogedora la llegada de los invitados, así como la salida de los novios.

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Como a los novios les gustaba la idea que la celebración posterior se celebrase en el exterior con todos los plan B, C y D disponibles, escogieron la Finca Torre Bosch y el catering Murri. Y no defraudaron ninguno de los 2.

Cada vez más, los invitados cobran más protagonismo y acaban siendo objetivo de fotografías, ya sea por estilo o por simpatía.

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No faltó detalle en la decoración. En las mesas pusieron cajas de madera con flores en tonos amarillos, rosas y fucsias con verdes. El sitting se componía de enrejados y jaulas con pizarritas, ambientadas con cajas de flores  y libélulas de rattan. Las mesas llevaban los nombres de los lugares que habían visitado en su viaje a París.

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Después de la comida, llegó el esperado y romántico momento del vals, el cual yo intento no perderme nunca cuando voy de boda. Siempre me enamora cómo se miran los novios y como miran los padres a sus hijas recién casadas.

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Uno de los detalles que más agradecieron los invitados fue las cestas con alpargatas, para poder cambiar de calzado y darlo todo hasta última hora de la noche.

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Kiwo se encargó tanto del vídeo como de las fotos de la boda. A la vista de las fotografías no se les escapó nada, ni la sonrisa más furtiva. A ellos les debo este reportaje de boda, ¡un millón de gracias!

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Felicidades a los novios, con cariño, Ana.

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