Escapada al Hotel Spa Niwa

Descubre en mi nuevo post la última escapada a Hotel Spa Niwa, un paraíso exclusivo para el descanso.

2016 no podía haber empezado mejor, la verdad. Sin parar, como a mí me gusta. No he tenido un momento para mí desde que estrenase nuevo año y el cuerpo me pedía a gritos un break para respirar, saborear todo lo bueno que está ocurriendo y, por qué no, apagar el móvil 24 horas y tirarlo por la ventana con el coche en marcha si hubiera sido preciso.

Los nuevos horizontes del blog y de La Champanera Communications & PR Agency, los viajes, los planes personales, la decoración de mi nueva casa y estas ganas de comerme el mundo, bien se merecían un descanso.

Así, cuando mi amiga Miriam B. me llamó para decirme que se tomaba un día libre en el banco y que ella también quería “escapar”, lo tuve claro.

Hotel Niwa Spa era el objetivo. El plan perfecto para salir de la rutina, cuidarnos un poco y ponernos al día.

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Pusimos rumbo a Brihuega, Guadalaja, hace ya un par de días que me parecen todo un mundo. Soñaba con llegar a Hotel Spa Niwa y disfrutar de la estancia en un emplazamiento exclusivo diseñado por y para el descanso. La oportunidad de relax y desconexión no podíamos desperdiciarla.

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Y vaya si la aprovechamos. Nos sumergimos en el spa y nos quedamos a remojo en la piscina de agua caliente hasta que nos arrugamos y remontamos las historias hasta primero de carrera, cuando aún queríamos ser abogadas.

Después de la sauna y del baño turco llegó el masaje asiático de 90 minutos con el que resurgimos de nuestras cenizas, como el ave Fenix. Y escribí a mi amigo Andrés para que se viniera con mi amiga María.

Nos dimos un largo paseo por el pueblo cuesta arriba y cuesta abajo, charlando de esto y aquello, del viaje de hace tres años a Las Palmas y dándonos cuenta, sin decirlo, de cómo han cambiado las cosas para bien desde entonces.

Recorrí atónica, hasta donde pude, la Real Fábrica de Paños de Carlos III y quise por un segundo trasladarme en el tiempo para poder vivirla en pleno esplendor disfrutando de su arquitectura al completo. Me perdí en silencio por la tienda de antigüedades y supe que me arrepentiría nada más llegar a Madrid de no haberme comprado aquella bombonera de alpaca y cristal. Nos dimos un magnífico homenaje en el asador Princesa Elima, haciendo hueco como pudimos tras el atracón del desayuno, y visitamos el sorprendente Museo Max.

Nos hubiéramos quedado, sin duda alguna, toda la semana en el Hotel Spa Niwa. Todo un lujo a tan solo 90km de la capital.

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Hasta pronto, Ana.