La boda de Cristina y Roger

Cristina y Roger se casaron el 26 de mayo en Segovia, ¡no te pierdas todos los detalles de su boda!

A Cristina le apasiona el mundo de las bodas y la decoración, por lo que cuando llegó su momento no tenía ninguna duda de cómo quería que fuera todo: sencillo, natural, nada pretencioso y, sobre todo, personal.

Así, por casualidad, Cristina conoció la pequeña pedanía de Sotosalbos, y se enamoró sin remedio de su iglesia románica y del Esquileo de Cabanillas del Monte.

Como ya os había contado en La boda de Débora y Gonzalo, San Miguel de Sotosalbos es una pequeña iglesia del siglo XII apenas restaurada. A Cristina y a Roger les gustó precisamente por eso, porque podía sentirse ese encanto que deja el paso del tiempo en los lugares con tanta historia.

El interior de la iglesia lo decoraron con hiedra en el suelo a los dos lados de la alfombra del pasillo central y capazos de mimbre en el altar con grandes flores blancas y mucho, mucho verde.

En cuanto al Esquileo, como su propio nombre indica, es una antigua casa construida en el siglo XVIII que se conserva intacta y donde antiguamente se realizaba la tarea de despojar del vellón de lana al ganado trashumante. La cena se sirvió en esa misma nave, con grandes vigas de madera en el techo y entre paredes de piedra con los “grafitis” de la época que aún se conservan donde los trabajadores de antaño plasmaban a mano sus vivencias.

En el jardín se colocaron sombrillas balinesas, banderolas con motivos florales y sencillas jaulas con velas que marcaban el camino.

Las mesas se decoraron de una forma sencilla, con flores silvestres de muchos colores, repartidas entre pequeñas macetas de barro y tarros de cristal, que la novia fue guardando durante meses. Las macetas y los tarros llevaban a su alrededor atados lazos de rafia y cuerda gruesa y con la rafia que sobró, muy DIY,  se enrollaron cada una de las servilletas de todos los comensales.

Haciendo honor a la historia de la casa, las mesas se nombraron con meseros exquisitamente elaborados por InvitArte con las diferentes razas de ovejas de todas las que existen en la Península Ibérica junto con la foto de cada oveja, y se colocaron dentro de un antiguo baúl abierto.

Para los invitados, regalaron unas galletitas que los novios encargaron con sus iniciales, y las presentaron en tarteras de diferentes alturas que Cristina tenía por casa y antiguas bandejas de plata de su abuela.

Luisa Peñalosa y Maite Aya se encargaron de montarlo todo esa misma mañana de la boda.

En cuanto al vestido de la novia, lo diseñaron ella y su madre, y lo modificaron unas mil veces hasta que por fin consiguieron plasmar la idea sobre un papel. Estaba hecho de encaje y plumeti, muy romántico. Para homenajear las raíces gaditanas de la novia, las mangas llevaban dos grandes volantes. Completó su look con una corona de flores natulares, aportándole así un aire muy fresco de color, y con unos Jimmy Choo glitter de pulsera.

El cortejo era una monada. Las sobrinas de los novios iban vestidas con sencillos vestidos de lino en rosa con tocado a juego, de Teresa y Leticia.

De toda la decoración floral se encargó Workshop Flores, famoso por su buen gusto y estilo.

Workshop Flores para la boda de Cristina y Roger

Las fotos son de María López Jurado, que de inmediato captó el estilo de Cristina y Roger. Lo cierto es que se lo pasaron genial y se rieron muchísimo durante el reportaje que se hicieron a la salida de la iglesia en pleno campo y rodeados de vacas.

Boda de Cristina y Roger. Foto: María López Jurado

Cristina y yo nos conocimos a través de La Champanera pero, aunque ya se haya casado, espero que no deje de visitar mi blog. 🙂

Muchos besos a los dos, Ana.

Si eres fan de La Champanera y quieres que te hagamos un reportaje de boda, solo tienes que mandar al menos 15 fotos a info@lachampanera.es y relatar tu historia. ¡Gracias!