La boda de Inés y Miguel

La historia de Inés y Miguel es particularmente bonita, de esas que te ponen los pelos de punta sin marcha atrás. Este post es una sorpresa para Inés, y espero que sea tan inesperada como bonita. Allá vamos.

Casualidades de la vida, esas que hacen que una decisión de última hora lo cambie todo, Miguel fue a recoger a la estación a Inés, casi sin conocerse.

Esa misma noche salieron a cenar y surgió todo, absolutamente todo. Un amor a primera vista digno de las mejores novelas de amor de Danielle Steel. Y aunque los comienzos fueron tremendamente duros, ello no impidió que fuera bonito y honesto, como debe ser.

A propósito de esta historia, el viernes 13 pasado publiqué en el Facebook de La Champanera una foto que ilustraba la siguiente frase: “When you know, you just know“. Pues eso, 7 meses más tarde Miguel puso su corazón en la proposición: pedirle que nunca se separara de su vida.

El 31 de mayo de este año, las agendas de los más allegados estaban completas. Se celebraba la vida y el amor por todo lo alto, y no hay mejor ocasión que esa para reunirse.

Inés escogió para el gran día un vestido de Carmen maza y Ana Rojas, Sevilla. El vestido era de crêpe de seda en manga larga. En la cintura llevaba un encaje familiar antiguo haciendo ondas y bordeado por pasamanería de la misma época en color dorado.

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El joyero Miguel del Castillo se encargó de realizar el espectacular anillo de pedida y los pendientes de brillantes que lució la novia. La tiara, propiedad de la familia de la novia, fue el colofón final.

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Ya maquillada y peinada por Manolo Gutiérrez, con su ramo de La Nueva Galería y subida a sus Jimmy Choo, la novia ponía rumbo al Real Monasterio del Convento de Santa Inés.

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Las 5 damitas de la ceremonia, el momento de entrar la novia y el consentimiento de los novios, para volar de sentimiento.

“Yo Miguel, te bendigo, Señor,
Padre buen y todopoderoso.
Porque has sembrado el amor en mi corazón,
Por tantas cosas buenas que me has dado,
Y por el Espíritu que has derramado en mí.
Y ante Ti, Señor, y ante la Iglesia aquí reunida
proclamo que te quiero a ti, Inés como esposa.
Y que prometo serte fiel;
Que compartiré contigo penas y alegrías
Y que te amaré con ternura.
Dónde tú vayas iré yo,
Donde tú vivas viviré yo,
Tu Pueblo será mi Pueblo,
Tu Dios será mi Dios.
Dónde tu mueras yo moriré,
Y allí quiero ser enterrado,
Y nada, ni siquiera la muerte nos podrá separar.”

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Tras una emotiva celebración, los recién casados y sus invitados pusieron rumbo a la Hacienda de Orán donde les esperaba un copioso aperitivo servido por Alfar2 y una cuidada decoración floral por La Nueva Galería.

Los aperitivos estuvieron amenizados por el grupo de música Dry Martina (aquí puedes ver el vídeo y darte cuenta de lo animada que estuvo la cosa) Y además, sombrillas de estilo japonés para paliar el calor, máquinas antiguas de escribir para felicitar a los novios y después de la barra libre unos kit post-boda solo aptos para supervivientes.

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Los ramos acabaron siendo propiedad de las madres de los novios y de María López, un detalle precioso que estas protagonistas momentáneas no olvidarán jamás.

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Las fotos de Molina y Royo son fieles testigos de que fue una celebración por todo lo alto y que la diversión no bajó el listón un solo instante.

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Felicidades a los recién casados. “Y nada, ni la muerte, nos podrá separar”.

Un besote, con un cariño especial, Ana.

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