La boda de Kuki y Alfredo

Kuki y Alfredo estudiaban juntos en Icade, y aunque cursaban carreras diferentes, coincidieron en una optativa. Años más tarde, el destino quiso que volvieran a verse las caras, y un trayecto en AVE Málaga-Madrid hizo el resto.

En Octubre de 2011, coincidiendo con su primer aniversario de novios, Alfredo llevó a Kuki a Estambul. Cenando en Cigaran Palace, un impresionante palacete sobre el Bósforo, Alfredo hizo la pregunta, y Kuki, entre lágrimas, contestó que sí.

Kuki y Alfredo se casaron el 15 de septiembre en Madrid. La fecha era especial, y no sólo porque el último mes del verano sea especialmente bonito para casarse, sino porque los abuelos maternos de Kuki, que ya no estaban para poder acompañarles ese día, se casaron en la misma fecha. Son esos pequeños detalles, los sentimentales, los que quizás poca gente sabe y en torno a los cuales gira todo el enlace, lo que hace que una boda pueda sentirse con el corazón.

El vestido de la novia lo elaboraron cuidadosamente en Navascués. Era un traje muy romántico, compuesto por una falda de 7 tules, una última capa de plumeti y una cola de 2 metros. El cuerpo tenia una drapeado muy pequeño en vertical y un fajín de encaje a juego con las manguitas del vestido. El velo también era de plumeti.

Alfredo, por su parte, se hizo el chaqué en Suitz con una tela que él mismo trajo desde Londres. Complementó su chaqué con una clásica chistera.

Aguilar Delgado se encargó, en casa de la novia, del maquillaje y del peinado. Un maquillaje muy natural y una trenza ancha ligeramente despeinada rematada por un broche vintage de plata y circonitas.

El anillo de pedida lo diseñó Alfredo en la Joyería Terín, amigos íntimos de la familia del novio, una alianza de oro blanco con un diamante central talla brillante y tres diamantes talla princesa a cada lado. Como detalle, el interior del anillo llevaba grabado el nombre de Alfredo y la fecha en la que le pidió matrimonio a Kuki.

También llevaba una pulsera con una roseta de brillantes que la abuela de la novia le había regalado a su madre, y que ahora la madre regalaba a su hija.

Para finalizar el look, Kuki lució unos pendientes de oro blanco y brillantes de su abuela materna. Sabía desde pequeña que quería ponérselos el día de su boda.

Sin embargo, los zapatos resultaron ser un pequeño quebradero de cabeza. Finalmente, intentando huír (acertadamente) del típico zapato blanco, Kuki se hizo con unos salones de Prada en color azul claro. La combinación resultó perfecta, y Kuki estaba, honestamente, guapísima.

El ramo lo elaboró La Birlanga, un ramo de freesias blancas, paniculata y margaritas santini botón blanco.

Ya vestida, peinada y maquillada, Alfredo la esperaba impaciente a las 12 de la mañana en la Iglesia de Los Jerónimos.

Kuki estuvo bastante tranquila durante toda la mañana, calmando incluso los nervios de su madre. Sin embargo, en cuanto se bajó de un precioso Bentley de 1956 y puso un pie en la Iglesia, se agarró fuertemente del brazo de su padre y se le encogió el corazón, yo me imagino que de amor e impaciencia. Esa sensación nunca se olvida.

La Iglesia estaba decorada de forma exquisita en tonos verdes y blanco por La Birlanga y L’atelier de las flores. A disposición de los invitados, misales elaborados por Weddingcase.

Después de la misa, novios e invitados se dirigieron a La Casa El Chaparral, una finca situada a 14km del centro de Madrid que cuenta con unos jardines ideales.

El catering elegido fue Ciboulette. Al parecer, el postre, una oblea de crema, causó verdadero furor.

Ya en la finca, no faltó detalle. Francesitas de leopardo para las invitadas, candy bar, barra de cócteles, de ginebra Hendriks, de cerveza Alhambra y varios cortadores de jamón.

Alfredo tenía guardado un as en la manga, y como gran amante de la ópera que es, sorprendó a su mujer y a todos los invitados con un grupo de tenores que amenizó toda la comida.

Las mesas estaban decoradas con manteles beige y blancos, y centros de mesa con lilliums y espejos. ¿Los meseros? Carátulas de los grupos musicales favoritos de los novios.

Como manda la tradición, Kuki abrió el vals con su padre, el número 2 de Shostakovich, pero cuando les llegó el turno a Alfredo y Kuki, en su primer baile como marido y mujer, sonó al piano la canción de La Bella y la Bestia, un puntazo.

Despues del vals, como no podía ser de otra manera, los novios le dieron su particular toque andaluz a la fiesta y un grupo de flamenquito tocó canciones míticas que la gente no pudo resistirse a bailar.

Toda la finca estaba repletamente decorada de flores (La entrada, la zona del cóctel, los baños…) con bodegones de peonías, paniculata… un trabajo exquisito de la mano de L’atelier de las Flores.
L'atelier de las flores 2 3 4

También hay que decirlo, ¡qué guapas estaban todas las invitadas! Entre las más detacadas Carla Goyanes y Teresa Baca.

Kuki entregó tres ramos, uno para la novia de su cuñado, Sara, el segundo para Alejandra que pronto elegirá el suyo propio y un tercero para Inés, que se llevó una gran sorpresa al recibirlo.

Pero Inés también tenía una sorpresa para su amiga del alma, un vídeo donde salían fotos de toda la pandilla y mensajes de todos sus amigos, incluso de los que no pudieron asistir a la boda. Hoy Alfredo y Kuki se siguen emocionando con el vídeo.

Como en todas las bodas, siempre hay una anécdota que pasa a la historia. En este caso, los novios decidieron estrenar su nueva casa y pasar allí su noche de bodas, pero llegado el momento, ninguno de los dos tenía ni coche ni llaves, así que los novios volvieron con los padres de Alfredo, cogieron las llaves de emergencia en casa de los padres de él, y luego les llevaron a casa. Una boda no es una boda sin alguna historia memorable.

Un millón de besos y… ¡vivan los novios! 🙂

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