La pandemia les obligó a retrasar un par de meses su boda, pero eso no impidió que la celebraran igualmente con muchísima ilusión y rodeados de cariño. Sí o sí querían casarse en 2020, bastante habían esperado ya desde aquel 28 de septiembre de 2018 en el que Javier le pidió matrimonio a Isabel.

Del maquillaje y peluquería se encargó Sara de URVAN, quien entendió a la perfección lo que Isabel quería: un maquillaje sutil y un recogido desmontable.

Su vestido de novia era una obra de arte de Navascués. Desde la primera prueba se enamoró de sus propuestas y elegió un vestido sencillo de corte alto, cuello a la caja, manga abullonada de organza y cuerpo con jaretas. La espalda del vestido era abierta, con una lazada en el cuello. Para la ceremonia lució una maravillosa y larga cola desmontable de organza que se quitó al entrar en la cena. El velo amantillado, el toque sentimental, era de su abuela materna.

Isabel llevó los mismos pendientes de brillantes que su madre llevó en su boda, pulsera de brillantes regalo de pedida de los padres de Javier, y dos anillos, el solitario que Javi le regaló cuando le pidió matrimonio y un anillo de Joyerías Suarez de brillantes y zafiros regalo de su madrina Manuela, la hermana de su madre. En la cabeza llevó una tiara de brillantes de la abuela materna de Javier que anteriormente habían llevado su madre y hermanas el día de sus bodas. Mientras que para los zapatos se decantó por unos salones clásicos de la firma Manolo Blahnik de raso color nude con un broche de cristales Swarovski.

Su ramo de novia un bouquet maravilloso en tonos verdes con rosas inglesas que encargó a la floristería Verde Agua de Vigo.

Javier llevaba el uniforme de Caballero de Honor y Devoción de la Soberana Orden de Malta, confeccionado a medida por Knack Men. El uniforme constaba de casaca roja con galones bordados, pantalón azul con los mismos galones y un precioso bicornio. Las caponas y el sable eran de su abuelo y Javier decidió reutilizarlas para la ocasión. También llevaba un Rolex submarine, regalo de pedida de sus suegros.

Las invitaciones las encargaron a la imprenta Heysa de Madrid. Toda la papelería llevaba una preciosa acuarela del pazo que le dibujó una de las mejores amigas de la novia, Galir Martinez-Barros Rodríguez, cofundadora del estudio de interiorismo Lemoba.

El libro de firmas de testigos lo hizo Tiradepapel, y la primera página era también una acuarela de la Básilica Santa María de Vigo pintada por su amiga.

La decoración floral de la Basílica corrió a cargo de la floristería Verde Agua, con dos grandes centros de hortensias blancas a ambos lados de la puerta y otros dos al frente del altar.

Isabel hizo la entrada triunfal del brazo de su padre, y precedida por 8 pajes ideales vestidos por Marta Ussia.

De las fotos y el vídeo se encargó ESIF Fotografía. Solo hay que ver el resultado para saber que acertaron con la elección. Desde el primer minuto Bea les dio plena confianza, tras la primera entrevista con ella y ver el trabajo que hacían no tuvieron ninguna duda de que tenían que contar con ellos tanto para las fotos como para el vídeo. ¡Juzgad por vosotros mismos!

Isabel y Javier se casaron en uno de mis espacios favoritos del norte: Pazo de Cea. A pesar de las circunstancias, el equipo del pazo no pudo ser más sensacional. En todo momento apoyaron y ayudaron a los novios con lo que podían. Además, el día de la boda todo fue estupendamente y las chicas del pazo se encargaron en todo momento de que se cumplieran las medidas.

El catering fue a cargo del equipo Pepe Solla propietarios de Casa Solla con una estrella Michelin: al ser una boda gallega querían que la materia prima local resaltara y pusieron, entre otras cosas, una mesa de bivalvos y pulpeira.

La decoración de las mesas corrió a cargo de la Floristería Galo con un sencillo centro en tonos rosas y verdes. Para amenizar el cóctel, contaron con el grupo La Franga que versionó varias canciones y amenizó a todos los invitados.

Durante la barra libre, en mesas altas separadas, guardando las distancias, contaron con el DJ Pedro Puig. Era esencial un buen dj para que la gente pese a las medidas se animara y divirtiera. Contrataron también un violinista, Aitor Shwaderer, otro crack que amenizó toda la barra libre.

¡Muchísimas felicidades a Isabel y Javier por una boda maravillosa y emocionante!

Con cariño, Ana.