¿Te atreves con una boda invernal?

Cualquier época del año es buena para casarse, es absurdo condicionar tu boda a sólo un par de meses del año.

Mayo, junio y septiembre suelen ser los meses del año con más demanda, y no es la primera vez que escucho a alguien decir que tiene todos los fines de semana de junio ocupados con bodas.

En un sector, el mundo de las bodas, donde practicamente todas las novias desean huir de lo típico, del elemento de decoración gastado y visto hasta la saciedad, ¿por qué no casarse en diciembre o en enero?

Todas las estaciones del año tienen personalidad propia y, como todo en la vida, pros y contras. Si bien es cierto, las bodas de la temporada de verano son en general muy favorecedoras por la luz, el color y los estilismos de las invitadas.

En todo caso, a la inversa, la oscuridad del invierno, el frío y la nieve también pueden ayudarnos a crear mediante velas, chimeneas y otros miles de elementos decorativos un entorno acogedor y hasta cierto punto, misterioso. A mí la verdad es que se me ocurren un sinfín de ideas.

Las invitadas por su parte, pueden dejar los coloridos para otros eventos y lucir su armario más gélido, que no es otro que los bisones y las estolas en compañía de las mejores piezas del joyero y de trajes más festivos, elegantes y sofisticados.

Una finca, una casa de montaña, una estación de ski… ¿te animas?