A pesar de que la novia es de Alicante, no puedo evitar enamorarse del Palacio de Valdesoto (Asturias) y de la pequeña Iglesia de pueblo que se encuentra en sus inmediaciones. ¡Vais a flipar con lo bonito que es todo y con los fotones de Lorena San José!

Para el gran día, Inés se decantó por un diseño de lino francés de Alejandra Valero decorado con decenas de flores bordadas en punto de cruz, mangas abullonadas y solapas en el escote.

Y como Asturias es cómo es y uno nunca sabe cómo va a “despertar” el clima (hay quien no entiende que ése es precisamente parte del encanto del Principado), por si el día enfriaba la novia también llevaba una levita de lino de manga larga.

La verdad es que Inés estaba muy guapa, y muy favorecida también gracias a las manos mágicas de Barbareando y Lorena Carvajal.

El ramo de novia era obra de mi cuñado Dani de Flores Pando compuesto por astilbe blanco y granate, eucalipto y astrantia. Y no es porque sea familia… ¡pero Dani es un artista!

Del catering se encargó Real Balneario de Salinas con quien, doy fe, todas las celebraciones son un verdadero éxito.

Patricia de The Love Forest creó el ambiente perfecto y exacto que Inés tenía en mente. Sin perder de vista las flores bordadas de su vestido, y de la mano de Pando Floristas, convirtieron los diferentes espacios del Palacio de Valdesoto en el sueño de una noche de verano.

Le preguntamos a Inés por un momento emotivo el día de la boda: “Cuando salimos de la Iglesia Ignacio y yo, mi suegra y mi padre empezaron a bailar con la música de los gaiteros, pues estaba sonando Asturias Patria Querida”. Y eso también, aunque otros muchos no lo comprendan, también es parte del encanto de casarse con un asturiano.

Todo lo mejor, con cariño, Ana.